Primer Acto

Echado en mi cama en el sopor matutino, con el sol haciéndome burla por la ventana, comienzo a sentirme como el protagonista de un libro de Kafka, claro que en mi caso, no me convertí en escarabajo sino en cuncuna, y contemplo escandalizado como he podido convertirme de un palillo a una miniatura del símbolo de Michelin.

Segundo Acto

Para empowermentizar mi vida, la ictiovegetarianizo. Pescado, lechuga y tomate. Más lechuga. Pan con tomate. Pan con tomate y mayo. Pan con tomate lechuga cebolla pescado frito ketchup mostaza mayonesa y medio litro de cerveza. Ok. No va por ahí la cosa.

Tercer Acto

Buzo, zapatillas. Un gorro cuello que parece manga para decorar tortas en la cabeza, por último si voy a hacer el ridículo que sea con escándalo y a trotar. Vuelvo a mi casa 10 minutos después sudado como caballo de carreras, me tiro sobre un sillón sintiendo que voy a vomitar, que me duele la guata, que me falta aire.

Que a fin de cuenta no estoy tan gordo.

Sí, a estas alturas lo considero una maldición, algo que me persigue por los pasillos, salas de clases, patios, va conmigo a la cafetería, quizás se sienta en la mesa del lado o hace fila justo delantemío.

Los muertos vivientes están aquí, en frente de nuestras narices donde son más difíciles de ver, sin embargo y cual fórmula de brujería que permite relevar su disgustante y maloliente presencia, me permit la patudez de revelarlos, ponerlos a la luz del sol y esperar que se transformen en estatuas de sal, o se reconviertan y pasen a ser parte del mundo de los vivos.


El muerto viviente es un personaje demasiado habitual: es abúlico, indiferente y aburrido, una lata por donde quiera que se le mire, el paso por la escuela es una etapa más en un camino que no tiene destino. El muerto viviente anhela tener una hermosa y gran casa con una rubia tonta en ella, un auto último modelo, ser envidia de sus amigos, arrastrar un carrito de supermercado el Domingo por la mañana por el Jumbo o el Home Center, rodeado de dos o tres muertos vivientes chiquitos, clones de él si es posible. El muerto viviente quiere tener vacaciones de lujo y viajar por el mundo, recorrer y conocer, la vida se le hace fácil porque tiene los ojos cerrados, porque en Chile no hay pobres, porque si pasé el ramo significa que aprendí, porque estamos en democracia, porque la Universidad es para todos, porque nadie pasa hambre, porque el que quiere estudiar estudia, porque quizás si hay pobres, pero es porque son flojos.

El muerto viviente vive, porque metaboliza, respira, ingiere alimentos y genera desechos. A veces habla temas de muerto viviente que son igual de fomes que él. el muerto viviente está muerto, porque a parte de eso no hay nada más en su alma, no hay sustancia, no hay inquietud, deseos de superar su condición de podredumbre interior, deseos de llenar ese vacío, el anhelo de encontrar algo que le de sentido a su vida, un objetivo vital, o por lo menos de reconocer que su vida no tiene objetivo y vivir el presente plenamente.

Pero a veces el muerto viviente se aburre, quizás en la tarde mientras hace zapping como enajenado tendido en su cama viendo Extra Jóvenes o escuchando la Rock and Pop. Tal vez sueñe que su vida cobra sentido y que hay alguna esperanza, tal vez intente encontrar algo por lo cual luchar, algo que llene espacios, algo que hacer por la vida misma ...

O tal vez piense puras estupideces. Como siempre.

Felipe Castillo is my son, he was born on December 6th, 1994.

He is a tranquil kid, with inquisitive eyes.

In this photo Felipe appears with her sister.

Felipe Castillo es mi hijo, nació el 6 de diciembre de 1994.

Es un niño tranquilo, moreno como yo y con ojos inquietos y tiernos.

En esta foto aparece Felipe junto a su hermana.

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